Hacer y deshacer a golpe de pluma, a tormenta de ideas, a huracán de versos.
Sastres de ficciones vistiendo esqueletos humeantes, recién salidos del armario de las pesadillas o de los sueños, nunca se sabe.
Crash, crash, el estallido explotando entre las manos, como un relámpago, suficiente una milésima de segundo, para temblar elevado a infinito, más que suficiente. Darle la vuelta al forro de la vida, coserse la sombra para que no se pierda confundida entre el serse, y el no estarse quieta para no ser nunca una.

La que caza destellos y les pone nombre cuando se queda a oscuras, la que se sienta a la mesa y escribe: Érase una vez la que vive en un castillo, la serpiente de escamas de estilete, Érase una vez el reino de las nieves y Érase un vampiro entre mis geranios, y un mundo microscópico en una pelusa, con millones de habitantes, con sus millones de historias escondida en una esquina.
El Big-bang silencioso en las pupilas, el código morse de las pestañas, el león albino y la fiereza bajo el pelaje de los anodinos, el licántropo etílico, el Frankenstein de hojalata, Érase la bruja del oeste haciendo caldo con todos ellos, hirviendo el puchero de los disparates, vamos a contar mentiras tralará, te voy a contar un cuento, el de la vendedora de fósforos, el de la cenicienta al teclado, el de Alicia en el laberinto de tinta china. Érase todo esperando, latiendo, retumbando bajo una hoja en blanco y una dimensión temporal, un umbral paralelo que se abre al llegar a casa y cerrar la puerta y colorín colorado, la historia interminable
Susana Del Llano
Oye, muy surrealista, me gusta este cuento. ¿Para cuando el libro de relatos?
ResponderEliminarGracias, a ver si se van dejando apresar las historias o cazar al vuelo.
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