
La ciudad en el mar Edmund Dulac.
Las aguas tempestuosas de los placeres que duelen.
Es preciso atar corto ciertas pasiones para no encontrarnos fuera de lugar, cual Poe, sufriendo de atentas, en pleno siglo de la información, la ciencia y las nuevas tecnologías.
Conviene ser práctico, aprender a tomar y almacenar notas mentales en lo que dura un clic de ratón para no perderse la realidad que no espera por nadie.
Somos bombardeados de continuo por imágenes que apenas da tiempo a procesar, el horror de la novela gótica parece un juego de niños comparado con el horror provocado por las noticias del día .
Hacer cola en el INEM es un método de tortura psicológica que ni el mismísimo Lord Byron hubiera concebido.
Siempre podemos refugiarnos en la noche para desatar al animal de las pasiones, las de carne y lecho, las que se palpan y las otras, en las es preciso bañarse, para hacerlas palpables; las aguas tempestuosas de los placeres que duelen. Duelen cuando no tiene forma, cuando nos gritan desde algún lugar en el que hemos escondido una imagen, una canción, un recuerdo, entre el telediario y los anuncios, entre la compra y los recibos del banco, entre el currículum y la bronca del jefe, en el tiempo que perdemos aparcando o planificando como llegar a fin de mes.
Bastante mal están los tiempos como para darnos al malditismo , la autodestrucción y la agonía constante ,emulando a un Verlaine trasnochado.
Pero agonizar lo justo cada día no es malo, sumergirse un rato en las oscuras vivencias del Sentimiento y la Sensación de los románticos y los simbolistas, valerse de la ficción para exagerarse, al estilo de las tragedias griegas, como un papel sobreactuado o una caricatura de uno mismo donde no falte nunca el humor negro.
Susana Del Llano.



