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domingo, 24 de junio de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
Asesinato.
(Dos voces de madrugada en el Riverside Drive)
¿Cómo fue?
-Una grieta en la mejilla.
¡Eso es todo!
Una uña que aprieta el tallo.
Un alfiler que bucea
hasta encontrar las raicillas del grito.
Y el mar deja de moverse.
-¿Cómo, cómo fue?
-Así.
-Déjame, ¿de esa manera?
-Sí.
El corazón salió sólo.
-¡Ay, ay de mí!.
Federico García Lorca.
domingo, 5 de febrero de 2012
Delicatessen.

Una porción para saborear de un gran poema.
Permíteme la duda
Un día la tierra
o quizá fue una noche
franqueó las leyes
que rigen el universo
y tiró del freno de mano
de la gravitacion universal
preguntando a cada planeta
el por qué de este baile
el por qué no parar
e intercambiar las órbitas.
Una noche una nube
o quizá fue un día
franqueó las leyes
que rigen el clima
y tiró del freno de mano
de la física
preguntando a cada gota
el por qué siempre caer
el por qué no girar
e inundar la luna.
Y la vida. Sergio Sánchez Taboada.
miércoles, 12 de octubre de 2011

The burning of Giordano Bruno. Leonora Carrington.
">Giordano Bruno, nacido Filippo Bruno (Nola, Nápoles, 1548 - Roma, 17 de febrero de 1600) fue un astrónomo, filósofo, religioso y poeta italiano
Vivió en diversos países protestantes donde escribió muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria (siendo uno de los grandes representantes de la tradición hermética). Llegó a demostrar, aunque por métodos falaces, que el Sol es más grande que la Tierra
Bruno construyó un puente entre Copérnico y Galileo, lo suficientemente sólido como para cambiar toda la concepción científica sobre el Cosmos
Estuvo en la cárcel durante ocho años mientras se disponía el juicio bajo el tribunal de Venecia, en el que se le adjudicaban cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad; principalmente por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo. Se le declaró herético, impenitente, pertinaz y obstinado.
Fue expulsado de la Iglesia y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública.
siendo quemado vivo el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma.
Poema de Giordano Bruno a sus verdugos
Decid, ¿cual es mi crimen?, ¿lo sospecháis siquiera?
y me acusáis sabiendo que nunca delinquí!
quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera,
levantará la historia una estatua para mí.
Yo sé que me condena vuestra demencia suma,
¿Por qué?...porque las luces busqué de la verdad,
no en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma
con dogmas y con mitos robados a otra edad,
sino en el libro eterno del universo mundo,
que encierra entre sus folios de inmensa duración;
los gérmenes benditos de un porvenir fecundo,
basado en la justicia, fundado en la razón.
Y bien, ¿sabéis que el hombre, si busca en su conciencia,
la causa de las causas, el último por qué
ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia,
los templos por la escuela, la razón por la fe?.
Yo se que esto os asusta, como os asusta todo
todo lo grande, y quisierais poderme desmentir.
Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo
de un servilismo que hace de lástima gemir...
Aún allá, en el fondo, bien saben que la Idea,
es intangible, eterna, divina, inmaterial...
que no es ella el Dios y la religión vuestra
sino la que forma con sus cambios, la historia universal.
Que es ella la que saca la vida del osario
la que convierte al hombre, de polvo, en creador,
la que escribió con sangre la escena del calvario,
después de haber escrito con luz, la de Tabor.
Más sois siempre los mismos, los viejos fariseos,
los que oran y se postran donde los puedan ver,
fingiendo fe sois falsos llamando a Dios, ateos
¡chacales que un cadáver buscáis para roer!...
¿cual es vuestra doctrina? Tejido de patrañas,
vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un rey;
leyenda vuestra historia, fantástica y extraña.
Vuestra razón la fuerza; y el oro vuestra ley.
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles
tenéis las bacanales, su pérfida maldad;
como ellos sois farsantes, hipócritas y viles
queréis, como quisieron, matar a la verdad;
más...¡vano vuestro empeño!...s i en esto vence alguno;
soy yo porque la historia dirá en lo porvenir;
"respeto a los que mueren como muriera Bruno"
y en cambio vuestros nombres...¿quién los podrá decir?
¡Ah!...p refiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;
morir como yo muero...no es una muerte ¡no!
morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte
por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡ soy yo!
decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,
decidle que a la muerte me entrego como un sueño,
porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios...
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones
que al hombre da la vida y al par su maldición,
sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones
da a la materia forma, y vida a la creación.
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,
al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar,
que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio,
de la verdad que sepa, no me haréis apostatar.
¡Más basta!...¡Yo os aguardo!, dad fin a vuestra obra,
¡cobardes! ¿Qué os detiene?...¿teméis al porvenir?
¡ah!...tembláis...es porque os falta la fe que a mi me sobra...
¡miradme, yo no tiemblo! ¡y soy yo quién va a morir!.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Balada de la vida en Rojo.
El uno siempre vive la vida en rosa,,
juventud que no acaba nunca,
segunda infancia menos taciturna,
ni deseos ni lamentos superfluos.
Ignorante de todo flujo y reflujo,
este sabio para quien nada se mueve
reina instintivo: como un falo.
Pero yo, yo veo la vida en rojo.
El otro razona y glosa
en tonos irresolutos,
sopesando, pesando cada cosa
con manos entumecidas y pesados callos.
Le haría falta mucho tiempo y más
Para aventurarse fuera de su tabuco.
El mundo es gris para este recluso.
Pero yo, yo veo la vida en rojo.
Él, este otro, en derredor se atreve
a echar miradas llenas de deseos,
pero donde su mirada se posa,
èl se exaspera donde tú te places,
mirada de filántropos mofletudos;
todo le parece negro virgen o gubia,
los hombres vinos bebidos, libros leídos.
Pero yo, yo veo la vida en rojo.
Paul Verlaine.
El uno siempre vive la vida en rosa,,
juventud que no acaba nunca,
segunda infancia menos taciturna,
ni deseos ni lamentos superfluos.
Ignorante de todo flujo y reflujo,
este sabio para quien nada se mueve
reina instintivo: como un falo.
Pero yo, yo veo la vida en rojo.
El otro razona y glosa
en tonos irresolutos,
sopesando, pesando cada cosa
con manos entumecidas y pesados callos.
Le haría falta mucho tiempo y más
Para aventurarse fuera de su tabuco.
El mundo es gris para este recluso.
Pero yo, yo veo la vida en rojo.
Él, este otro, en derredor se atreve
a echar miradas llenas de deseos,
pero donde su mirada se posa,
èl se exaspera donde tú te places,
mirada de filántropos mofletudos;
todo le parece negro virgen o gubia,
los hombres vinos bebidos, libros leídos.
Pero yo, yo veo la vida en rojo.
Paul Verlaine.
martes, 16 de agosto de 2011
Introducción
Todos los pasos tienen la forma del pasado,
la forma de las formas donde todo se muere
cayendo en su recinto de plata desbordada,
elegida en el borde de las sombras azules.
Debajo de los días de mis contestaciones
a todas las murallas que la noche reparte
en torno a mi tristeza de roto alucinado
donde el sol no golpea con sus labios en flor.
Debajo de esas causas de elemento remoto:
de esos pasos perdidos que mis manos soportan,
escribo dulcemente con el rostro vertido
hacia la extensa tierra que se eleva ante mí.
Es una tierra lenta de rosas muy oscuras,
una tierra de nombres y puñados de vidrio,
una tierra de grana con estaño incendiario,
una tierra de paja con trenzas de aceite.
Todos sus movimientos me consultan ardiendo,
todas sus invasiones se me acercan de pronto;
cuando de mi agonía resurjo hacia las calles
y paso por mis sangres escucho sus lamentos.
Voy a estar concordando las cuerdas de esa luz
que el aire petrifica rondándome los ojos.
Voy a poner sus arpas encima de mi mesa
donde escribo despacio su forma desgraciada.
Son rediles de polvo mezclado con topacios,
pescados hacinados sobre la cal deshecha
son hombros de jacintos y caderas de sábana
donde todo amontona su rumor de maderos.
Todos los pasos tienen la forma del pasado;
de un pasado sin boca para besar la orilla
de otra existencia hermosa que nunca se ha tenido
a pesar de las fiestas del corazón en llamas.
Entonces a lo largo de mi paciencia nacen
las tibias caravanas de las blancas cisternas,
los amores redondos de los pozos ocultos,
las banderas inscritas en le mármol salvaje.
Miro con mis recuerdos la zona de ese campo
en el que un gran sollozo persiste de rodillas.
Desde la tarde o noche donde un árbol violeta
esparce su mirada, también contemplo el tiempo.
Miro su vestidura de brillo y crisantemos,
su peligrosa fuerza de ventana cortada,
su pensamiento vivo creciendo con las zarzas
entre las alabanzas de los cánticos solos.
Debajo de esas causas de elemento perdido
hay una tierra suave que palpita ante mí.
Es una tierra echada sobre su propio vientre
lleno de estrellas negras y de voces lejanas.
Cuando todo lo mío se muere y despedaza
partido por el ansia de lo que me traiciona,
del crimen cometido por mí contra mis cielos
yo miro ese terreno de temblor y ternura.
Escribo para oírme vivir sobre sus tersas
orillas renacidas en un sarcófago rojo.
De sus sonidos de oro tomo mis instrumentos
hechos de siemprevivas y cabellos heridos.
Todos los pasos tienen la forma del pasado
donde todo se ahonda cayendo hacia el amor,
que es la perfecta nada de todo lo que canta
con la mirada aguda que el diamante describe.
Ya sé que me repito como un muerto que avanza
desde sus pobres ropas deshechas y en la sombra,
hacia la caja enorme donde el mundo le estrecha
para guardar la esencia de su ser miserable.
No me importa la gloria que grita en las paredes
con garfios de tormento la aurora de los días.
No obstante, reconozco la causa de mi origen
atado a la salmodia de los nombres que crujen.
Debo cantar las ansias de la roca extasiada,
las ansias de los peces que lloran su océano,
las ansias de los signos escritos con zafiros
en las llagas inmensas de las naciones secas.
No me importa la gloria, pero adoro mi voz;
mi voz hecha de torres y relámpagos negros
mi voz de combatiente por una guerra antigua,
mi voz de sacerdote con ojos de jaguar.
Es donde mi tristeza se transforma en países,
en lo que todo estalla en floras de riquezas,
en las que me sumerjo con las venas abiertas
para llenar mi espalda de tatuajes eternos
Juan Eduardo Cirlot.
Todos los pasos tienen la forma del pasado,
la forma de las formas donde todo se muere
cayendo en su recinto de plata desbordada,
elegida en el borde de las sombras azules.
Debajo de los días de mis contestaciones
a todas las murallas que la noche reparte
en torno a mi tristeza de roto alucinado
donde el sol no golpea con sus labios en flor.
Debajo de esas causas de elemento remoto:
de esos pasos perdidos que mis manos soportan,
escribo dulcemente con el rostro vertido
hacia la extensa tierra que se eleva ante mí.
Es una tierra lenta de rosas muy oscuras,
una tierra de nombres y puñados de vidrio,
una tierra de grana con estaño incendiario,
una tierra de paja con trenzas de aceite.
Todos sus movimientos me consultan ardiendo,
todas sus invasiones se me acercan de pronto;
cuando de mi agonía resurjo hacia las calles
y paso por mis sangres escucho sus lamentos.
Voy a estar concordando las cuerdas de esa luz
que el aire petrifica rondándome los ojos.
Voy a poner sus arpas encima de mi mesa
donde escribo despacio su forma desgraciada.
Son rediles de polvo mezclado con topacios,
pescados hacinados sobre la cal deshecha
son hombros de jacintos y caderas de sábana
donde todo amontona su rumor de maderos.
Todos los pasos tienen la forma del pasado;
de un pasado sin boca para besar la orilla
de otra existencia hermosa que nunca se ha tenido
a pesar de las fiestas del corazón en llamas.
Entonces a lo largo de mi paciencia nacen
las tibias caravanas de las blancas cisternas,
los amores redondos de los pozos ocultos,
las banderas inscritas en le mármol salvaje.
Miro con mis recuerdos la zona de ese campo
en el que un gran sollozo persiste de rodillas.
Desde la tarde o noche donde un árbol violeta
esparce su mirada, también contemplo el tiempo.
Miro su vestidura de brillo y crisantemos,
su peligrosa fuerza de ventana cortada,
su pensamiento vivo creciendo con las zarzas
entre las alabanzas de los cánticos solos.
Debajo de esas causas de elemento perdido
hay una tierra suave que palpita ante mí.
Es una tierra echada sobre su propio vientre
lleno de estrellas negras y de voces lejanas.
Cuando todo lo mío se muere y despedaza
partido por el ansia de lo que me traiciona,
del crimen cometido por mí contra mis cielos
yo miro ese terreno de temblor y ternura.
Escribo para oírme vivir sobre sus tersas
orillas renacidas en un sarcófago rojo.
De sus sonidos de oro tomo mis instrumentos
hechos de siemprevivas y cabellos heridos.
Todos los pasos tienen la forma del pasado
donde todo se ahonda cayendo hacia el amor,
que es la perfecta nada de todo lo que canta
con la mirada aguda que el diamante describe.
Ya sé que me repito como un muerto que avanza
desde sus pobres ropas deshechas y en la sombra,
hacia la caja enorme donde el mundo le estrecha
para guardar la esencia de su ser miserable.
No me importa la gloria que grita en las paredes
con garfios de tormento la aurora de los días.
No obstante, reconozco la causa de mi origen
atado a la salmodia de los nombres que crujen.
Debo cantar las ansias de la roca extasiada,
las ansias de los peces que lloran su océano,
las ansias de los signos escritos con zafiros
en las llagas inmensas de las naciones secas.
No me importa la gloria, pero adoro mi voz;
mi voz hecha de torres y relámpagos negros
mi voz de combatiente por una guerra antigua,
mi voz de sacerdote con ojos de jaguar.
Es donde mi tristeza se transforma en países,
en lo que todo estalla en floras de riquezas,
en las que me sumerjo con las venas abiertas
para llenar mi espalda de tatuajes eternos
Juan Eduardo Cirlot.
martes, 9 de agosto de 2011
jueves, 15 de abril de 2010
ÍNTIMA
Yo te diré los sueños de mi vida
en lo más hondo de la noche azul
Mi alma desnuda temblará en tus manos,
sobre tus hombros pesará mi cruz.
Las cumbres de la vida son tan solas,
tan solas y tan frías! yo encerré
mis ansias en mí misma, y toda entera
como una torre de marfil me alcé.
Hoy abriré a tu alma el gran misterio;
Ella es capaz de penetrar en mí.
En el silencio hay vértigos de abismo;
yo vacilaba, me sostengo en tí.
Muero de ensueños, beberé en tus fuentes
puras y frescas: la verdad yo sé
que está en el fondo magno de tu pecho
el manantial que vencerá mi sed
Y sé que en nuestras vidas se produjo
el milagro inefable del reflejo...
en el silencio de la noche mi alma
llega a la tuya como a un gran espejo.
Imagina el amor que habré soñado
en la tumba glacial de mi silencio!,
más grande que la vida, más que el sueño,
bajo el azur sin fín se sintió preso.
Imagina mi amor, amor que quiere
vida imposible, vida sobrehumana,
tú que sabes si pesan, si consumen
alma y sueños de Olimpo en carne humana.
Y frente al alma que sentía
poco el azur para bañar sus alas,
como un gran horizonte aurisolado
o una playa de luz, se abrió tu alma...
imagina!, estrechar vivo, radiante
el imposible!, la ilusión vivida!
bendije a Dios, al sol, la flor, el aire,
la vida toda porque tú eras vida!
si con angustia yo compré esta dicha,
bendito el llanto que manchó mis ojos!
¡todas las llagas del pasado rien
al sol naciente por sus labios rojos!
¡Ah! tu sabrás mi amor, mas vamos lejos
a través de la noche florecida;
acá lo humano asusta, acá se oye,
se ve se siente sin cesar la vida.
Vamos más lejos en la noche, vamos
donde ni un eco repercuta en mí,
como una flor nocturna allá en la sombra
yo abriré dulcemente para tí.
DELMIRA AGUSTINI.
Yo te diré los sueños de mi vida
en lo más hondo de la noche azul
Mi alma desnuda temblará en tus manos,
sobre tus hombros pesará mi cruz.
Las cumbres de la vida son tan solas,
tan solas y tan frías! yo encerré
mis ansias en mí misma, y toda entera
como una torre de marfil me alcé.
Hoy abriré a tu alma el gran misterio;
Ella es capaz de penetrar en mí.
En el silencio hay vértigos de abismo;
yo vacilaba, me sostengo en tí.
Muero de ensueños, beberé en tus fuentes
puras y frescas: la verdad yo sé
que está en el fondo magno de tu pecho
el manantial que vencerá mi sed
Y sé que en nuestras vidas se produjo
el milagro inefable del reflejo...
en el silencio de la noche mi alma
llega a la tuya como a un gran espejo.
Imagina el amor que habré soñado
en la tumba glacial de mi silencio!,
más grande que la vida, más que el sueño,
bajo el azur sin fín se sintió preso.
Imagina mi amor, amor que quiere
vida imposible, vida sobrehumana,
tú que sabes si pesan, si consumen
alma y sueños de Olimpo en carne humana.
Y frente al alma que sentía
poco el azur para bañar sus alas,
como un gran horizonte aurisolado
o una playa de luz, se abrió tu alma...
imagina!, estrechar vivo, radiante
el imposible!, la ilusión vivida!
bendije a Dios, al sol, la flor, el aire,
la vida toda porque tú eras vida!
si con angustia yo compré esta dicha,
bendito el llanto que manchó mis ojos!
¡todas las llagas del pasado rien
al sol naciente por sus labios rojos!
¡Ah! tu sabrás mi amor, mas vamos lejos
a través de la noche florecida;
acá lo humano asusta, acá se oye,
se ve se siente sin cesar la vida.
Vamos más lejos en la noche, vamos
donde ni un eco repercuta en mí,
como una flor nocturna allá en la sombra
yo abriré dulcemente para tí.
DELMIRA AGUSTINI.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Sin piedad empuñado y sacudido,
tu cuerpo gime, implora y desvaría
en el alto voltaje de agonía
por mis dedos y labios inducido.
¿A qué abismo de ti dulce y temido
tu carne se abalanza y se desvía?
¿Qué la desgarra, y colma, y desafía
y agita como un dios enloquecido?
Nada sino la carne sueña y piensa;
sólo hundido en su fiebre y en su peso
vive el sentido y la aventura inmensa
que llamamos espíritu, y por eso
no puede el ansia en la que te has urdido
rendirse a la Verdad sin un rugido.
Tomás Segovia.
Conmemorables. Sonetos Votivos
tu cuerpo gime, implora y desvaría
en el alto voltaje de agonía
por mis dedos y labios inducido.
¿A qué abismo de ti dulce y temido
tu carne se abalanza y se desvía?
¿Qué la desgarra, y colma, y desafía
y agita como un dios enloquecido?
Nada sino la carne sueña y piensa;
sólo hundido en su fiebre y en su peso
vive el sentido y la aventura inmensa
que llamamos espíritu, y por eso
no puede el ansia en la que te has urdido
rendirse a la Verdad sin un rugido.
Tomás Segovia.
Conmemorables. Sonetos Votivos
domingo, 17 de mayo de 2009
IDILIO
Dice la dama" el frío ya no hiere mi cuerpo.
Llega una primavera que no funde la nieve
ni licúa los ríos.Primavera de brazos
y músculos y sables y dentelladas dulces.
Bajo un cálido sueño masculino me olvido.
Y en mi olvido se olvidan mis doncellas y el mundo,
lo que fuí y lo que soy, mi nombre y sus aristas"
El: " Comienza en tus ojos un combate sin tregua.
Vencida, eres el fuego. Victoriosa, la llama.
Nunca el crimen sagrado me pareció tan bello".
Scholia, Luís Alberto de Cuenca.
Dice la dama" el frío ya no hiere mi cuerpo.
Llega una primavera que no funde la nieve
ni licúa los ríos.Primavera de brazos
y músculos y sables y dentelladas dulces.
Bajo un cálido sueño masculino me olvido.
Y en mi olvido se olvidan mis doncellas y el mundo,
lo que fuí y lo que soy, mi nombre y sus aristas"
El: " Comienza en tus ojos un combate sin tregua.
Vencida, eres el fuego. Victoriosa, la llama.
Nunca el crimen sagrado me pareció tan bello".
Scholia, Luís Alberto de Cuenca.
LOS GIGANTES DEL HIELO
Han vuelto los gigantes del Hielo a visitarme .
No en sueños. A la luz del día.Con los yelmos
relucientes y el rostro selvático y maligno.
Tenía tanto miedo que no supe decirles
que te habías marchado.Lo registraron todo.
Maldiciendo la hora en que dios creó el mundo,
jurando por los dientes del Lobo y por las fauces
del Dragón,escupiendo terribles amenazas,
blasfemando y rompiendo los libros y los discos.
Al ver que tú no estabas se fueron no sin antes,
anunciar que darían con tu nuevo escondite
y serías su esclava hasta el fín de los tiempos.
Donde estés, amor mío, no les abras la puerta.
Aunque se hagan pasar por hombres de mi guardia
y afirmen que soy yo quien los envía.
Luís Alberto de Cuenca, El otro sueño.
Han vuelto los gigantes del Hielo a visitarme .
No en sueños. A la luz del día.Con los yelmos
relucientes y el rostro selvático y maligno.
Tenía tanto miedo que no supe decirles
que te habías marchado.Lo registraron todo.
Maldiciendo la hora en que dios creó el mundo,
jurando por los dientes del Lobo y por las fauces
del Dragón,escupiendo terribles amenazas,
blasfemando y rompiendo los libros y los discos.
Al ver que tú no estabas se fueron no sin antes,
anunciar que darían con tu nuevo escondite
y serías su esclava hasta el fín de los tiempos.
Donde estés, amor mío, no les abras la puerta.
Aunque se hagan pasar por hombres de mi guardia
y afirmen que soy yo quien los envía.
Luís Alberto de Cuenca, El otro sueño.
lunes, 19 de enero de 2009
No desperteís jamás a la serpiente
No desperteís jamás a la serpiente,
por miedo a que ella ignore su camino;
dejad que se deslice mientras duerme
sumida en la honda yerba de los prados.
Que ni una abeja la oiga al arrastrarse,
que ni una mosca efímera resurja
de su sueño,acunada en la campánula,
ni las estrellas ,cuando se escabulla
silente entre la yerba escurridiza.
Percy Bysshe Shelley
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