miércoles, 21 de octubre de 2009

Sin piedad empuñado y sacudido,
tu cuerpo gime, implora y desvaría
en el alto voltaje de agonía
por mis dedos y labios inducido.
¿A qué abismo de ti dulce y temido
tu carne se abalanza y se desvía?
¿Qué la desgarra, y colma, y desafía
y agita como un dios enloquecido?
Nada sino la carne sueña y piensa;
sólo hundido en su fiebre y en su peso
vive el sentido y la aventura inmensa
que llamamos espíritu, y por eso
no puede el ansia en la que te has urdido
rendirse a la Verdad sin un rugido.

Tomás Segovia.
Conmemorables. Sonetos Votivos

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