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lunes, 28 de noviembre de 2011


Ratas y bailarines.


La percepción y el lenguaje están íntimamente ligados. Sin ella no podríamos existir en un mundo que no sentimos y por tanto, no conocemos, sin él, no podríamos nombrar nada y dicen que lo que no se nombra no existe. Y es curioso que la mayor parte del tiempo no seamos conscientes de la cópula entre el sentir y el nombrar.

Parece ser que hay un momento del desarrollo, que se sitúa alrededor de los seis años, en el que el niño/a da prioridad al conocimiento que tiene acerca del mundo aunque esté en contradicción con una información sensorial dada. Nos fiamos más del archivo de conocimientos que nos proporcionan las experiencias por encima de las informaciones sensoriales. Empezamos a ser un poco como ratas de Kerplunk corriendo en línea recta aunque cambie nuestro laberinto y la comida no se encuentre al final de éste.

La poesía, en cambio, nos hace dudar de cada esquema que creamos para facilitarnos este mundo plagado de estímulos, nos hace dudar porque atiende a las mil maneras de interpretar una mirada, bautiza gestos, perfuma recuerdos, colorea estados de ánimo. cada piel, cada roce tendrá un nombre diferente a los que hayamos puesto antes porque nunca nos enamoramos de la misma manera,
Es lo mismo que pasear por pasear, sin rumbo ni más objeto, que el dejarse llevar, parece fácil, tremendamente fácil, aunque si uno no está acostumbrado a “desacostumbrarse”se verá asaltado por la pregunta ¿a dónde ir? o por esta otra: ¿qué sentido tiene esta pérdida de tiempo, con la de cosas que tengo que hacer?.
Al cabo de un rato, se repara en una gárgola de la catedral que escupe furiosa agua de lluvia, en un ángel que reza a una ventana en la iglesia de San Juan, en un arco, solitario en medio del parque, vestigio del antiguo convento de San Francisco que parece el umbral a un mundo paralelo, oculto por lo cotidiano

La poesía es un paseo que transforma a las ratas en bailarines que empiezan a prestar atención a sus sentimientos y sensaciones para comunicarse mejor, lo mismo que hace una buena profesora de baile cuando siente al alumno aferrado a la teoría que a veces agarrota y le anima a danzar con los ojos cerrados, produciéndose el milagro. Se da nombre a los pasos de baile, a los movimientos de las manos, podemos hacer incluso matemáticas con el cuerpo y dibujar un ocho con la cintura o desdibujarlo con un ocho invertido. Al igual que podemos dibujar nuestro mundo y desdibujarlo, a base de versos. A veces seguimos otras huellas durante un trecho, temiendo que ya todo esté nombrado con más acierto, recordemos entonces que el movimiento nunca es el mismo y cerremos los ojos.


Susana Del Llano.

miércoles, 19 de octubre de 2011


La cuarta pared desnuda.


Mi cuarto, en la casa paterna, daba a un patio de luces sombrío. Si la vecina de enfrente encendía la luz, podía ver todo lo que pasaba en el interior de su habitación, estaba tan cerca, que casi parecía una prolongación más de la casa al final de un pasillo de aire.
Como una obscena y recíproca intrusión de la intimidad en la que se imponía el uso de cortinas., reduciendo mi espacio a tres paredes y una ventana inútil, tapiada por telas.

En mi hogar, la luz entra a raudales y aún de noche, las cortinas siguen encogidas a los lados del ventanal, resignadas a no desplegarse.
Sería un sacrilegio tapar el cielo, no poder contar estrellas y murciélagos ni observar esa niebla densa que algunas noches cubre los jardines, disfrazándolo todo de película de terror, con esa música silenciosa de la quietud más inquietante.

Al otro lado de los jardines, tras una distancia que es un mundo, hay edificios, ocultos por la hojarasca, hasta que el otoño desnuda los árboles y la intimidad del vecindario exponiendo las ventanas de los más noctámbulos, aquellos que arañan las últimas horas y aún tienen la luz encendida.

Entre las ramas desnudas, se adivinan sombras, contornos de los que miran la noche, desvelando que no soy la única que disfruta del panorama.
En mi barrio, nadie usa cortinas y nadie mira dentro de las casas.

Susana Del Llano.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La tempestuosa belleza del terror. Percy Bhysse Shelley



La ciudad en el mar Edmund Dulac.





Las aguas tempestuosas de los placeres que duelen.

Es preciso atar corto ciertas pasiones para no encontrarnos fuera de lugar, cual Poe, sufriendo de atentas, en pleno siglo de la información, la ciencia y las nuevas tecnologías.
Conviene ser práctico, aprender a tomar y almacenar notas mentales en lo que dura un clic de ratón para no perderse la realidad que no espera por nadie.

Somos bombardeados de continuo por imágenes que apenas da tiempo a procesar, el horror de la novela gótica parece un juego de niños comparado con el horror provocado por las noticias del día .
Hacer cola en el INEM es un método de tortura psicológica que ni el mismísimo Lord Byron hubiera concebido.


Siempre podemos refugiarnos en la noche para desatar al animal de las pasiones, las de carne y lecho, las que se palpan y las otras, en las es preciso bañarse, para hacerlas palpables; las aguas tempestuosas de los placeres que duelen. Duelen cuando no tiene forma, cuando nos gritan desde algún lugar en el que hemos escondido una imagen, una canción, un recuerdo, entre el telediario y los anuncios, entre la compra y los recibos del banco, entre el currículum y la bronca del jefe, en el tiempo que perdemos aparcando o planificando como llegar a fin de mes.

Bastante mal están los tiempos como para darnos al malditismo , la autodestrucción y la agonía constante ,emulando a un Verlaine trasnochado.

Pero agonizar lo justo cada día no es malo, sumergirse un rato en las oscuras vivencias del Sentimiento y la Sensación de los románticos y los simbolistas, valerse de la ficción para exagerarse, al estilo de las tragedias griegas, como un papel sobreactuado o una caricatura de uno mismo donde no falte nunca el humor negro.

Susana Del Llano.

miércoles, 28 de septiembre de 2011






Ameno, ameno, lantire , lantiremo.


Robar palabras es uno de esos pequeños y exquisitos placeres solitarios.
Adueñarse de un sustantivo que marcaremos con el hierro de nuestras connotaciones y al escucharlo, nos asaltará una punzada de complicidad semántica entre la palabra y el símbolo personal que hemos creado, vistiéndola con nuestra secreta carga emotiva.

Es como robar flores en tierra de nadie. Los mismos pétalos, los mismos colores que antes que nosotros, alguien colocó sobre un jarrón en la cocina o secó entre las páginas de un libro y que después de nosotros, alguien volverá a robar.
Lo diferente, reside en la manera de recogerlas, en los ritos de recolección, en la luz y en la pupila del que mira, cada uno siente la flor según la estación que lleve por dentro.


Susana Del Llano.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El Libro de Piedra.


Libro de plomo de Anselm Kiefer.


La piedra, símbolo de lo perdurable, lo imperecedero, en muchas culturas símbolo de poder divino, representa hoy día el símbolo del ser. Su dureza y duración impresionaron a los hombres desde siempre, quienes vieron en la piedra lo contrario de lo biológico, sometido a las leyes del cambio; la decrepitud y la muerte.

Diccionario de Símbolos. Juan Eduardo Cirlot.



El Libro de Piedra.

Hay quién es de masticación rápida y se atraganta de emociones.
Codificarlas en símbolos es una buena forma de facilitar la digestión y transcribirlas en lo que he dado a llamar El Libro de Piedra, una memoria que permite hacer sitio en uno mismo para seguir alimentándose.

Supone un titánico esfuerzo manchar y pasar cada página sin que el peso de los recuerdos quiebre nuestras muñecas mortales.

Es también, un extraño modo de saldar cuentas con el inconsciente de cada uno.
No conozco otra forma de liberarme de las obsesiones, de las pasiones, las ilusiones y las ideas que se asocian entrelazándose en misteriosas danzas y me rondan robándome el sueño, que intentando atraparlas hasta hacerlas de algún modo, tangibles.

A veces las palabras precisas tienen la mala costumbre de aparecer en momentos o lugares inapropiados y hay que ir dejando miguitas de pan para encontrar luego el camino y rescatarlas a solas, siempre que los pájaros no las hayan devorado y nos encontremos perdidos en medio de nuestras espesuras, cargando en la mochila todo el peso de las cosas pendientes.

Por fortuna, sólo pesan las páginas a medio escribir, las completas, se tornan papel mojado de recuerdos para ser capaces de releerlas y hallar un poco de paz con la bendita catarsis.
No se puede rescribir ni borrar lo que está escrito en piedra, pero nos dan motivos y respuestas a posteriori, pistas sobre nosotros mismos que tal vez ignorábamos y un marco inmejorable para imágenes, historias y sueños .Sabiendo que en ellas guardamos con mejor o peor estilo y forma los pedazos que queremos que nos sobrevivan, aunque sea dormidos en el fondo de un cajón que nadie abrirá nunca.
Susana Del Llano.

Libros fascinantes:
https://espiralcromatica.wordpress.com/tag/anselm-kiefer/
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martes, 9 de agosto de 2011

La Invasión de los Ultracuerpos.





Una de las películas que más me impactaron en la infancia fue “La Invasión de los Ultracuerpos”, gran remake de los años 70 de “La invasión de los ladrones de cuerpos” que provocó en mí, noches de incontables pesadillas y un profundo miedo a dormirme y despertar siendo un cuerpo invadido sin emoción alguna ni recuerdos. Pasé una temporada mirando de soslayo a mis padres, hermanos profesores y entorno cercano por si alguno de ellos mostraba rasgos sospechosos de deshumanización.

A día de hoy, pese a ser adulta, o intentarlo, confieso que a veces me viene a la mente esa aterradora escena final de la película y me siento entonces como uno de los últimos humanos tratando de pasar desapercibido entre esos autómatas de movimiento y gesto programado que invaden nuestras ciudades. Pongamos que al caminar por la calle un recuerdo agradable pinta en mi cara una sonrisa repentina, observo entonces el desconcierto en los rostros de mucha gente con la que me cruzo, escrutándome a punto de emitir ese chillido que delata al ser diferente o raro que sonríe sin motivo alguno .
Opto muchas veces por mirar al suelo o endurecer mis gestos para pasar desapercibida. Se trata de sobrevivir en sociedad y parecer ¿normal? al fin y al cabo.


Susana Del Llano.

lunes, 26 de octubre de 2009

ESPEJOS DE TINTA



Me había acostumbrado a vivir sin las palabras necesarias para alimentar este alma famélica. A presuponer que se escondían tras los gestos de cariño, ocultas, por si delataban alguna debilidad.Me resigné a buscarlas en poemas que leía a solas, pronunciándolas en voz alta para hacerlas mías y darme los nombres que tú nunca me diste.Buscaba también frases de aliento, por muy gastadas que estas sonaran, ya que tu voz poco las gastó conmigo.Querías hacerme tan fuerte como tú y la debilidad no podía siquiera mencionarse.
Solías decir que un hombre de hechos no necesita palabras para respaldarlos.
Una mujer de silencios necesita de palabras para llenarlos.
Tan importante es como los hechos, la palabra precisa en el preciso momento.
Si doy nombre a cada lágrima, si escribo para reflejarme en un espejo de tinta porque es la única forma de verme ¿cúanto más podía resistir sin alimento?.
Te quise tanto, tanto, que inventé un nuevo sistema para alimentarme de mis propias palabras, las que se quedaban atascadas en la garganta o en el corazón.
Poco a poco empezé a quedarme sin ellas y al no escribirlas, se rompió el espejo y me olvidé de cómo era.



Al despedirnos, me preguntaste que habías hecho para que dejara de querete.
Aquella tarde, se me quedaron palabras atascadas en la garganta, espejos que ahora intento reconstruir para verme con la perspectiva que nos da el tiempo.
Sé bien que la solidez de tus hechos será un referente en mi vida.
Ya he conocido en este tiempo a varios charlatanes de plaza que no te llegaban ni a la suela del zapato.Los años, por fortuna, no me permiten la ingenuidad de creer todo lo que me dicen, pero ¡que quieres!, sigo buscando el pack completo, ése que en una noche de rencor, me dijiste , pasaré toda la vida buscando, porque no existe.
Hoy creo, casi dispuesta a afirmar que lo que busco en realidad no es otra cosa que a mí reflejo en otro cuerpo, en otras promesas, en otros hechos capaces de mostrarme la imágen que perdí de mí misma, ésa que soy cuando no tengo que demostrar ni demostrarme nada.


S. Del Llano.