viernes, 19 de agosto de 2011



La Partida de las brujas. Richard Doyle.




El Origen Celta de las brujas

Ya nadie niega que las brujas hayan sido a lo largo de la historia, víctimas de la ignorancia y la superstición. Vinculadas al imaginario pagano, han sido, en ocasiones, interpretadas como encarnación del mal, tejedoras de tramas ocultas o siervas del demonio y como tales perseguidas. Sin embargo, la antropología ha arrojado luz sobre el hecho de que la brujería no es otra cosa que una de las numerosas formas de persistencia de cultos precristianos y particularmente de creencias celtas. Si observamos a las brujas, veremos que poseen todos los elementos de la sabiduría típica, de por ejemplo los druidas. Se les acusa de desencadenar tempestades y de invocar la furia de los elementos naturales, de comunicarse con divinidades ocultas y de fabricar filtros poderosos (capaces de curar o de matar) utilizando hierbas mágicas.

De naturaleza misteriosa las llamadas Vírgenes Negras, cuyo culto se difundió en la Europa cristiana ocupada por los celtas, pueden ser vinculadas con el aspecto femenino (lunático) del Oiw y sus imágenes se situaban en cuevas subterráneas, cerca de manantiales o de pequeñas superficies de agua.

Con la llegada del cristianismo las Vírgenes Negras asumieron las connotaciones de la Virgen María y se las situó en las criptas.


Los Celtas, una civilización europea. Elena Percivaldi.



¿Brujas o vírgenes?. La dualidad del mito.

Muchos de los mitos y símbolos a los que se dota de connotaciones negativas sirven después como fuentes para superponer otras figuras que representarán todo lo contrario.
Cada cultura y religión manipula estas figuras a su antojo en un esfuerzo por borrar parte del imaginario anterior para diferenciar sus creencias. En realidad, las creencias y supersticiones del hombre no son más que un, un ouroboros hambriento que se muerde la cola. Este símbolo, por ejemplo, en algunas representaciones posee la mitad del cuerpo clara y la otra oscura, aludiendo a la contraposición sucesiva de principios.
Los claroscuros, las dobles lecturas de mitos y símbolos ponen de manifiesto su procedencia a un árbol genealógico cuyas ramas se enredan de tal manera que resulta harto difícil desentrañarlas.

Se parte de lo salvaje, lo desconocido y por lo tanto todo lo que despierta en el hombre el miedo, desatando mecanismos de defensa que revisten como en el caso de las brujas , para siempre de una impronta maléfica al mito.

Aunque con el paso de los años el cristianismo divinizó la misma figura que perseguía, se encargó también de legarnos el lado oscuro de un mito que prevalece en el inconsciente colectivo por la fuerza y el misterio conferidos desde el miedo.
La realidad, es que aquellas mujeres iniciadas en conocimientos reservados hasta entonces al hombre, suponían una amenaza que el cristianismo quiso atajar denostándolas, transformando la independencia y el conocimiento femeninos en símbolo del mal y relegando el papel de la mujer ,a madre y esposa obediente de un Dios masculino.

Así pues las lecturas de un mito son múltiples , siendo a mi modo de ver los mitos que se han teñido de oscuro los más complejos y fascinantes, aunque sólo sea por el placer de rascar para ver que hay en realidad, bajo todas esas capas de pintura.

Susana Del Llano.

jueves, 18 de agosto de 2011



Escultura de Pirro Liborio, en el Parque de los Monstruos.
Donde una inscripción en la entrada reza:
“Tú que entras aquí, concentra tu mente
y dime luego, si tantas maravillas han sido hechas
con engaño o con arte”.




En orden de hermosura

Los monstruos del crepúsculo nocturno
se salen de un crepúsculo más alto,
pululan por el cielo nuestro, y bajan
con todos los reflejos del sol morado y grana
en sus ojos de abismo.

Entre ellos estamos,
Dios, y tu mano con la mía
acarician sus lomos
que redondea el tiempo del espacio.

Esa es también nuestra familia,
en nuestra casa tienen su guarida,
y cuando salen por la tarde,
ya encerrados los de las horas claras
esparcen la grandeza
que el misterio acumula en sus entrañas.

Son los entendedores del misterio;
misterio son quizá para los otros
más no para nosotros que sabemos
que están en un dominio
que podemos abrir y entrar los dos en él
y amar en él a lo que en él se acoge.

que podemos amar monstruos amados
estos seres de nuestra semejanza,
entre los cuales va nuestra conciencia,
Dios, como el más pastor,
igualándolos
a nosotros en orden de hermosura.

Juan Ramón Jiménez.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El Libro de Piedra.


Libro de plomo de Anselm Kiefer.


La piedra, símbolo de lo perdurable, lo imperecedero, en muchas culturas símbolo de poder divino, representa hoy día el símbolo del ser. Su dureza y duración impresionaron a los hombres desde siempre, quienes vieron en la piedra lo contrario de lo biológico, sometido a las leyes del cambio; la decrepitud y la muerte.

Diccionario de Símbolos. Juan Eduardo Cirlot.



El Libro de Piedra.

Hay quién es de masticación rápida y se atraganta de emociones.
Codificarlas en símbolos es una buena forma de facilitar la digestión y transcribirlas en lo que he dado a llamar El Libro de Piedra, una memoria que permite hacer sitio en uno mismo para seguir alimentándose.

Supone un titánico esfuerzo manchar y pasar cada página sin que el peso de los recuerdos quiebre nuestras muñecas mortales.

Es también, un extraño modo de saldar cuentas con el inconsciente de cada uno.
No conozco otra forma de liberarme de las obsesiones, de las pasiones, las ilusiones y las ideas que se asocian entrelazándose en misteriosas danzas y me rondan robándome el sueño, que intentando atraparlas hasta hacerlas de algún modo, tangibles.

A veces las palabras precisas tienen la mala costumbre de aparecer en momentos o lugares inapropiados y hay que ir dejando miguitas de pan para encontrar luego el camino y rescatarlas a solas, siempre que los pájaros no las hayan devorado y nos encontremos perdidos en medio de nuestras espesuras, cargando en la mochila todo el peso de las cosas pendientes.

Por fortuna, sólo pesan las páginas a medio escribir, las completas, se tornan papel mojado de recuerdos para ser capaces de releerlas y hallar un poco de paz con la bendita catarsis.
No se puede rescribir ni borrar lo que está escrito en piedra, pero nos dan motivos y respuestas a posteriori, pistas sobre nosotros mismos que tal vez ignorábamos y un marco inmejorable para imágenes, historias y sueños .Sabiendo que en ellas guardamos con mejor o peor estilo y forma los pedazos que queremos que nos sobrevivan, aunque sea dormidos en el fondo de un cajón que nadie abrirá nunca.
Susana Del Llano.

Libros fascinantes:
https://espiralcromatica.wordpress.com/tag/anselm-kiefer/
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martes, 16 de agosto de 2011

Introducción

Todos los pasos tienen la forma del pasado,
la forma de las formas donde todo se muere
cayendo en su recinto de plata desbordada,
elegida en el borde de las sombras azules.

Debajo de los días de mis contestaciones
a todas las murallas que la noche reparte
en torno a mi tristeza de roto alucinado
donde el sol no golpea con sus labios en flor.

Debajo de esas causas de elemento remoto:
de esos pasos perdidos que mis manos soportan,
escribo dulcemente con el rostro vertido
hacia la extensa tierra que se eleva ante mí.

Es una tierra lenta de rosas muy oscuras,
una tierra de nombres y puñados de vidrio,
una tierra de grana con estaño incendiario,
una tierra de paja con trenzas de aceite.

Todos sus movimientos me consultan ardiendo,
todas sus invasiones se me acercan de pronto;
cuando de mi agonía resurjo hacia las calles
y paso por mis sangres escucho sus lamentos.

Voy a estar concordando las cuerdas de esa luz
que el aire petrifica rondándome los ojos.
Voy a poner sus arpas encima de mi mesa
donde escribo despacio su forma desgraciada.

Son rediles de polvo mezclado con topacios,
pescados hacinados sobre la cal deshecha
son hombros de jacintos y caderas de sábana
donde todo amontona su rumor de maderos.

Todos los pasos tienen la forma del pasado;
de un pasado sin boca para besar la orilla
de otra existencia hermosa que nunca se ha tenido
a pesar de las fiestas del corazón en llamas.

Entonces a lo largo de mi paciencia nacen
las tibias caravanas de las blancas cisternas,
los amores redondos de los pozos ocultos,
las banderas inscritas en le mármol salvaje.

Miro con mis recuerdos la zona de ese campo
en el que un gran sollozo persiste de rodillas.
Desde la tarde o noche donde un árbol violeta
esparce su mirada, también contemplo el tiempo.

Miro su vestidura de brillo y crisantemos,
su peligrosa fuerza de ventana cortada,
su pensamiento vivo creciendo con las zarzas
entre las alabanzas de los cánticos solos.

Debajo de esas causas de elemento perdido
hay una tierra suave que palpita ante mí.
Es una tierra echada sobre su propio vientre
lleno de estrellas negras y de voces lejanas.

Cuando todo lo mío se muere y despedaza
partido por el ansia de lo que me traiciona,
del crimen cometido por mí contra mis cielos
yo miro ese terreno de temblor y ternura.

Escribo para oírme vivir sobre sus tersas
orillas renacidas en un sarcófago rojo.
De sus sonidos de oro tomo mis instrumentos
hechos de siemprevivas y cabellos heridos.

Todos los pasos tienen la forma del pasado
donde todo se ahonda cayendo hacia el amor,
que es la perfecta nada de todo lo que canta
con la mirada aguda que el diamante describe.

Ya sé que me repito como un muerto que avanza
desde sus pobres ropas deshechas y en la sombra,
hacia la caja enorme donde el mundo le estrecha
para guardar la esencia de su ser miserable.

No me importa la gloria que grita en las paredes
con garfios de tormento la aurora de los días.
No obstante, reconozco la causa de mi origen
atado a la salmodia de los nombres que crujen.

Debo cantar las ansias de la roca extasiada,
las ansias de los peces que lloran su océano,
las ansias de los signos escritos con zafiros
en las llagas inmensas de las naciones secas.

No me importa la gloria, pero adoro mi voz;
mi voz hecha de torres y relámpagos negros
mi voz de combatiente por una guerra antigua,
mi voz de sacerdote con ojos de jaguar.

Es donde mi tristeza se transforma en países,
en lo que todo estalla en floras de riquezas,
en las que me sumerjo con las venas abiertas
para llenar mi espalda de tatuajes eternos


Juan Eduardo Cirlot.

lunes, 15 de agosto de 2011

La cabellera de Berenice.



Fuentes:Wikipedia.



La cabellera de Berenice.


El astrónomo Conon de Samos denominó «Cabellera de Berenice» (Coma Berenices) a una constelación de siete estrellas diez veces superior al tamaño de la Luna, situada al oeste de Leo , que descubrió, diciendo que los dioses habían puesto los cabellos de la reina en el cielo.


La leyenda:

Berenice era la esposa del rey de Egipto Ptolomeo III Evergetes (el Bienhechor), de la dinastía Ptolemaica. Cuando Ptolomeo subió al trono, su primera misión consistió en ir a Siria para luchar contra el rey Seleuco II y vengar el asesinato de su hermana y de su sobrino (que era el heredero al trono de esta región de Asia). Combatió largamente y obtuvo muchas victorias, pero en su ausencia, su esposa Berenice languidecía y estaba llena de temores por la vida de su esposo. En su desconsuelo, un día fue al templo de Afrodita y allí juró ante la diosa que sacrificaría para ella su hermosa cabellera (que era la admiración de todos cuantos la conocían), en el caso en que Evergetes regresara vivo y vencedor. Así fue, y ese mismo día, el día de su regreso, Berenice cumplió su promesa.
Pero por la noche alguien llegó hasta el templo y robó la cabellera. Se rumoreó que lo hizo un sacerdote del templo de Serapis, dios egipcio, indignado por el hecho de que la reina hiciera un sacrificio a una deidad griega. La desesperación de Berenice y el furor de Ptolomeo ante el hecho del hurto fueron grandes. Pero ante ellos llegó el astrónomo Conón de Samos para calmarlos. Su ciencia era muy venerada; había escrito siete libros sobre astronomía y todo el mundo conocía su gran amistad con el famoso Arquímedes de Siracusa. Conón mostró a los reyes una agrupación de estrellas, y les contó que esa agrupación acababa de aparecer en el firmamento y que sin duda se trataba de la cabellera de Berenice, que había sido transportada allí por la diosa Afrodita, a quien se le había ofrecido. Después, el sabio Conón dibujó una larga melena de estrellas en el globo celeste del Museo de Alejandría.
El poeta y gramático griego, Calímaco de Cirene, que había sido bibliotecario durante muchos años, inmortalizó a la reina Berenice y su magnífica cabellera en una elegía. He aquí uno de sus fragmentos:
Estaba yo recién cortada y mis hermanas me lloraban cuando, de pronto, con un rápido batir de alas, el dulce soplo del céfiro me lleva a través de las nubes del éter y me deposita en el venerable seno de la divina noche Cypris. Y a fin de que yo, la hermosa melena de Berenice, apareciese fija en el cielo brillando para los humanos en medio de innumerables astros, Cypris me colocó, como nueva estrella, en el antiguo coro de los astros.












Berenice. Ilustración de Javier Olivares.


http://guiadelcomic.es/javier-olivares/




BERENICE

Entre la numerosa serie de enfermedades provocadas por la primera y fatal, que ocasionó una revolución tan horrible en el ser moral y físico de mi prima, debe mencionarse como la más afligente y obstinada una especie de epilepsia que terminaba no rara vez en catalepsia, estado muy semejante a la disolución efectiva y de la cual su manera de recobrarse era, en muchos casos, brusca y repentina. Entretanto, mi propia enfermedad -pues me han dicho que no debo darle otro nombre-, mi propia enfermedad, digo, crecía rápidamente, asumiendo, por último, un carácter monomaniaco de una especie nueva y extraordinaria, que ganaba cada vez más vigor y, al fin, obtuvo sobre mí un incomprensible ascendiente. Esta monomanía, si así debo llamarla, consistía en una irritabilidad morbosa de esas propiedades de la mente que la ciencia psicológica designa con la palabra atención. Es más que probable que no se me entienda; pero temo, en verdad, que no haya manera posible de proporcionar a la inteligencia del lector corriente una idea adecuada de esa nerviosa intensidad del interés con que en mi caso las facultades de meditación (por no emplear términos técnicos) actuaban y se sumían en la contemplación de los objetos del universo, aun de los más comunes.
Reflexionar largas horas, infatigable, con la atención clavada en alguna nota trivial, al margen de un libro o en su tipografía; pasar la mayor parte de un día de verano absorto en una sombra extraña que caía oblicuamente sobre el tapiz o sobre la puerta; perderme durante toda una noche en la observación de la tranquila llama de una lámpara o los rescoldos del fuego; soñar días enteros con el perfume de una flor; repetir monótonamente alguna palabra común hasta que el sonido, por obra de la frecuente repetición, dejaba de suscitar idea alguna en la mente; perder todo sentido de movimiento o de existencia física gracias a una absoluta y obstinada quietud, largo tiempo prolongada; tales eran algunas de las extravagancias más comunes y menos perniciosas provocadas por un estado de las facultades mentales, no único, por cierto, pero sí capaz de desafiar todo análisis o explicación.
Mas no se me entienda mal. La excesiva, intensa y mórbida atención así excitada por objetos triviales en sí mismos no debe confundirse con la tendencia a la meditación, común a todos los hombres, y que se da especialmente en las personas de imaginación ardiente. Tampoco era, como pudo suponerse al principio, un estado agudo o una exageración de esa tendencia, sino primaria y esencialmente distinta, diferente. En un caso, el soñador o el fanático, interesado en un objeto habitualmente no trivial, lo pierde de vista poco a poco en una multitud de deducciones y sugerencias que de él proceden, hasta que, al final de un ensueño colmado a menudo de voluptuosidad, el incitamentum o primera causa de sus meditaciones desaparece en un completo olvido. En mi caso, el objeto primario era invariablemente trivial, aunque asumiera, a través del intermedio de mi visión perturbada, una importancia refleja, irreal. Pocas deducciones, si es que aparecía alguna, surgían, y esas pocas retornaban tercamente al objeto original como a su centro. Las meditaciones nunca eran placenteras, y al cabo del ensueño, la primera causa, lejos de estar fuera de vista, había alcanzado ese interés sobrenaturalmente exagerado que constituía el rasgo dominante del mal. En una palabra: las facultades mentales más ejercidas en mi caso eran, como ya lo he dicho, las de la atención, mientras en el soñador son las de la especulación.


Edgar Allan Poe

Quien haya sido astuto en la adecuación de la correspondencia no sufrirá accidentes, hará que todo suceda según su conveniencia, creará un mundo de cristal en el que disfrutará del objeto. Pero no olvidará nunca que la esfera de cristal es un vacío en el que no entra el aire y se guardará de romperla en la ingenua tentativa de ventilarla.Abandonos, transportes, hijos, devociones, confianzas: son símbolos individuales de los que el aire- la mística penetración del otro- está siempre excluido.Hay, en fín, entre estos símbolos y la realidad la misma relación que entre las palabras y las cosas. Es preciso tener la sagacidad suficiente para darles un significado sin confundirlos con la sustancia verdadera. Que es la soledad de cada uno, fría e inmóvil.

El oficio de vivir.
Cesare Pavese.

viernes, 12 de agosto de 2011


El animal influye sobre mí con extremo,
la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.
A veces he de hacer un esfuerzo supremo
para callar en mí la voz de los leones.

El Hambre. Miguel Hernández.

jueves, 11 de agosto de 2011

Esbozo de una serpiente

El Pecado. Franz Von Stuck.



Esbozo de una serpiente

A Henry Ghéon

Sobre aquel árbol la brisa acuna
a la víbora que yo vestí;
una sonrisa le horada el diente
y nos aclara sus apetitos
en el Jardín donde arriesga y ronda,
y en el triángulo mío de esmeralda
saca su lengua de doble filo...
bestia soy, pero bestia aguda
de quien el veneno, aunque vil,
domina al de la cauta cicuta.

Paul Valery.

martes, 9 de agosto de 2011

La Invasión de los Ultracuerpos.





Una de las películas que más me impactaron en la infancia fue “La Invasión de los Ultracuerpos”, gran remake de los años 70 de “La invasión de los ladrones de cuerpos” que provocó en mí, noches de incontables pesadillas y un profundo miedo a dormirme y despertar siendo un cuerpo invadido sin emoción alguna ni recuerdos. Pasé una temporada mirando de soslayo a mis padres, hermanos profesores y entorno cercano por si alguno de ellos mostraba rasgos sospechosos de deshumanización.

A día de hoy, pese a ser adulta, o intentarlo, confieso que a veces me viene a la mente esa aterradora escena final de la película y me siento entonces como uno de los últimos humanos tratando de pasar desapercibido entre esos autómatas de movimiento y gesto programado que invaden nuestras ciudades. Pongamos que al caminar por la calle un recuerdo agradable pinta en mi cara una sonrisa repentina, observo entonces el desconcierto en los rostros de mucha gente con la que me cruzo, escrutándome a punto de emitir ese chillido que delata al ser diferente o raro que sonríe sin motivo alguno .
Opto muchas veces por mirar al suelo o endurecer mis gestos para pasar desapercibida. Se trata de sobrevivir en sociedad y parecer ¿normal? al fin y al cabo.


Susana Del Llano.

Malos Ratos

Ándate con cuidado
que no se entere nadie
que te lo pasas bien,
que tu vida funciona
y eres feliz a ratos.
Hay gente que es capaz
de cualquier cosa cuando ve una sonrisa.


Karmelo Iribarren.

miércoles, 3 de agosto de 2011



"Le Sphiynx", Odilón Redón.

Esfinge

Proviene de griego "Sphingo", traducido como "la estranguladora".Esta traducción se acerca más a la descripción de "Ginoesfinge";demonio alado con torso femenino, patas de león y cola de serpiente.
Fueron creadas según las leyendas,como guardianas de lugares sagrados, siendo peligrosas sólo cuando lo que custodian se veía amenazado.
Se tumbaban en las rocas lanzando acertijos a todo aquél que se acercase al lugar sagrado. Si el transeunte no acertaba la solución, era estrangulado por la esfinge con su cola de sierpe.
Las Ginoesfinges poseían el don de proferir conjuros, que usaban para satisfacer su enorme curiosidad. Uno de ellos era la clariaudencia, que les permitía escuchar los comentarios de otros seres aunque no estuvieran cerca.