
Escultura de Pirro Liborio, en el Parque de los Monstruos.
Donde una inscripción en la entrada reza:
“Tú que entras aquí, concentra tu mente
y dime luego, si tantas maravillas han sido hechas
con engaño o con arte”.
En orden de hermosura
Los monstruos del crepúsculo nocturno
se salen de un crepúsculo más alto,
pululan por el cielo nuestro, y bajan
con todos los reflejos del sol morado y grana
en sus ojos de abismo.
Entre ellos estamos,
Dios, y tu mano con la mía
acarician sus lomos
que redondea el tiempo del espacio.
Esa es también nuestra familia,
en nuestra casa tienen su guarida,
y cuando salen por la tarde,
ya encerrados los de las horas claras
esparcen la grandeza
que el misterio acumula en sus entrañas.
Son los entendedores del misterio;
misterio son quizá para los otros
más no para nosotros que sabemos
que están en un dominio
que podemos abrir y entrar los dos en él
y amar en él a lo que en él se acoge.
que podemos amar monstruos amados
estos seres de nuestra semejanza,
entre los cuales va nuestra conciencia,
Dios, como el más pastor,
igualándolos
a nosotros en orden de hermosura.
Juan Ramón Jiménez.
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