
Ratas y bailarines.
La percepción y el lenguaje están íntimamente ligados. Sin ella no podríamos existir en un mundo que no sentimos y por tanto, no conocemos, sin él, no podríamos nombrar nada y dicen que lo que no se nombra no existe. Y es curioso que la mayor parte del tiempo no seamos conscientes de la cópula entre el sentir y el nombrar.
Parece ser que hay un momento del desarrollo, que se sitúa alrededor de los seis años, en el que el niño/a da prioridad al conocimiento que tiene acerca del mundo aunque esté en contradicción con una información sensorial dada. Nos fiamos más del archivo de conocimientos que nos proporcionan las experiencias por encima de las informaciones sensoriales. Empezamos a ser un poco como ratas de Kerplunk corriendo en línea recta aunque cambie nuestro laberinto y la comida no se encuentre al final de éste.
La poesía, en cambio, nos hace dudar de cada esquema que creamos para facilitarnos este mundo plagado de estímulos, nos hace dudar porque atiende a las mil maneras de interpretar una mirada, bautiza gestos, perfuma recuerdos, colorea estados de ánimo. cada piel, cada roce tendrá un nombre diferente a los que hayamos puesto antes porque nunca nos enamoramos de la misma manera,
Es lo mismo que pasear por pasear, sin rumbo ni más objeto, que el dejarse llevar, parece fácil, tremendamente fácil, aunque si uno no está acostumbrado a “desacostumbrarse”se verá asaltado por la pregunta ¿a dónde ir? o por esta otra: ¿qué sentido tiene esta pérdida de tiempo, con la de cosas que tengo que hacer?.
Al cabo de un rato, se repara en una gárgola de la catedral que escupe furiosa agua de lluvia, en un ángel que reza a una ventana en la iglesia de San Juan, en un arco, solitario en medio del parque, vestigio del antiguo convento de San Francisco que parece el umbral a un mundo paralelo, oculto por lo cotidiano
La poesía es un paseo que transforma a las ratas en bailarines que empiezan a prestar atención a sus sentimientos y sensaciones para comunicarse mejor, lo mismo que hace una buena profesora de baile cuando siente al alumno aferrado a la teoría que a veces agarrota y le anima a danzar con los ojos cerrados, produciéndose el milagro. Se da nombre a los pasos de baile, a los movimientos de las manos, podemos hacer incluso matemáticas con el cuerpo y dibujar un ocho con la cintura o desdibujarlo con un ocho invertido. Al igual que podemos dibujar nuestro mundo y desdibujarlo, a base de versos. A veces seguimos otras huellas durante un trecho, temiendo que ya todo esté nombrado con más acierto, recordemos entonces que el movimiento nunca es el mismo y cerremos los ojos.
Susana Del Llano.



