martes, 17 de enero de 2012




Laberintos de Kinestesia


En un laberinto, escondido como un secreto guardamos el equilibrio, como si la estabilidad dependiera del peso de la voz, cuidando que el tono pese lo que pesa una flor, para no inclinar demasiado la balanza hacia los barrancos de la derrota.





Bailando de puntillas, es pura contradicción que el giro lo conduzca la cabeza, todo ese ruido de los sentidos desordenados, el zumbido de una vibración sostenida por alfileres de anhelos con rima asonante.

El vértigo, el vértigo es el eco devolviendo resonancias, buscando marcos de papel en pentagramas, por esta manía atroz de traducir notas a tinta, atentados de poeta en laberinto que desafina, que araña, que rasga hasta la distorsión y la afonía el viento.

Máquinas orgánicas transcribiendo señales de sensación a lenguaje electrónico, con toda esa energía que sólo podemos transformar constantemente ¿por qué no me daría por aprender solfeo en lugar de danza?, y así no marearme, ordenar el sonido en una escala sin notas discordantes, llenar los huecos con latidos para que no arañe el eco, al intentar encerrarlo en una caricia.

Aprender a tararear sin despegar los labios, sabiendo que existe una canción que se canta a dos voces pero siempre se escucha a solas y de lejos.

Susana Del Llano.

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