
Es el viento negro- replicó tristemente-. Se tiene la impresión de que hay que hacer algo, pero no se sabe qué.
Olalla. Robert Louis Stevenson.
Me ronda la cabeza una idea tsé-tsé y no sé no sé, como taquigrafiar su vuelo.
Podría llamarla así, Viento Negro y empezar contando como se cuela entre las rendijas de los muros donde ni una hormiga diminuta encontraría alojamiento. Hace retumbar el vidrio de los cristales, burlando la guardia de las contraventanas, haciendo bailar los visillos con su mano enguantada. Llega hasta el escritorio para soplarme la nuca y reírse de quién pretende esbozar en la vigilia, lo inefable de un sueño con un lápiz mal tajado.
Acabo de darme cuenta del error, no puede llamarse viento negro porque ése no es el color de tus pestañas.
Susana Del Llano.
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