
No me extraña que Jung se enganchara…
Para comprender a los demás hay que sentirlos, tener el oído interno afinado para captar las sugerencias que nos lleguen, y embeberse (como hace la montaña con el lago) de ellos. De esa forma, se obtiene un conocimiento profundo y real.
Las intenciones y las inclinaciones proceden de alguien o de algo (como el magnetismo) que, consciente o inconscientemente, tiende hacia un sentido o un modelo, o hacia una forma de ser y de manifestarse. Y también proceden de Dios, del Espíritu Creador subyacente en toda forma de existencia.
Las intenciones se mueven, tienen un cuerpo de energía dotado de mayor o menor intensidad, cuya fuerza produce vibración-anhelo. Y la propiedad más destacable de estas vibraciones-anhelo es el influjo o la fuerza de atracción. Finalmente, los efectos del influjo y de la fuerza de atracción son la reunión y la conjunción.
Las intenciones proceden de lo interno, se puede decir que son la parte yang de un todo. La parte yin es la vibración-anhelo que se plasma en el mundo material externo manifestándose así en el plano físico. Su manifestación es esa atracción por lo afín y, por lo tanto, es una Ley Natural. Los seres que se atraen tienden a unirse para alcanzar el anhelo que les motiva. Juntos, como las piezas de una vasija rota se reúnen para formar el modelo de la vibración que les impulsa, sus sentimientos de mutua simpatía les inducen y les permiten estar juntos, aunque sus caracteres sean diferentes.
En este campo de energías, estímulos, propiedades y efectos es muy normal tener que estudiar la sensación y quizá también tener que sentir una gran diversidad de emociones. Es decir, ahora la sensación puede encerrar más información sobre la realidad existencial que los planes o propósitos conscientes de forma mental.
El Libro de los cambios
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