Llegó la hora de:
El baile de las sombras.
Noche cerrada, un escalofrío de sudor helado se desliza por la espalda. Ningún rastro de pesadilla prendido entre las sábanas. Las pupilas de tu gato brillan con fiereza en la oscuridad, acostumbrando las tuyas lo descubres como una estatua egipcia mirando las sombras, mientras el escalofrío se repite alcanzando intensidad de espasmo.
Un bufido dispara todas tus señales de alerta, enciendes la luz y por el rabillo del ojo se te escapa un movimiento más rápido que un pestañeo, a él no y salta en pos de algo invisible como un león defendiendo su territorio.
Vuelve con la derrota en la mirada preguntándote con esa forma envidiable de lenguaje felino ¿por donde entró y como llegó hasta el salón sin hacer ruido aquello que tú no viste?.
La luz del día hace caricaturas de los terrores nocturnos. Por si acaso te prometes cambiar tus lecturas al filo del sueño.
Noche cerrada, un escalofrío de sudor helado se desliza por la espalda., una estatua egipcia a los pies de tu cama que bufa saltando hasta el escritorio, el bufido se transforma en un prolongado, estridente y aterrador, gemido.
La pantalla del ordenador se enciende y llega el sonido del teclado hasta el rincón entre pared y cama donde te has hecho un ovillo de temblores.
Cuando cesa el sonido sabes que no hay más alternativa que acercarte.
Manchando la pantalla un renglón reza: Noche cerrada, un escalofrío de sudor helado se desliza por la espalda….
Susana Del llano.
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