martes, 7 de febrero de 2012





Empecé a teclear lo que quería fuese un relato de terror, debe ser que a la luz del día se hace difícil. Habrá que esperar a que oscurezca mientras se aprenden:

Lecciones felinas para humanos.


Un gato se adapta pero nunca se deja domesticar. Con ellos no se puede aplicar aquello que dicen ocurre con los perros, que acaban pareciéndose a los dueños.
Con un gato sucede al revés, el dueño, llamémoslo así por decirlo de alguna forma, es quién acaba por adoptar o acentuar comportamientos felinos.

De esto una se da cuenta al sorprenderse pegando saltitos para alcanzar un bordillo o al pasar desafiando el límite de los objetos, sólo por comprobar que basta una suave ondulación en el último momento, para esquivar el choque.
Observando a un gato se aprenden cosas como el movimiento del tiempo bala.






Como humanos que somos la mayor parte de los días, hay conductas gatunas que nos erizan la piel. Cuando un gato se queda observando el vacío, el humano se pregunta que es eso que mira y no eres capaz de ver, y por qué después, con esas pupilas dilatadas busca en las tuyas respuestas.
Porque los gatos hacen esas cosas constantemente, hablan con la mirada, piden permiso, leen tus límites, emociones, se anticipan a tus intenciones antes que una misma.
Cuando no quieren mirarte sabes que o bien están enfadados o que aceptan la culpa con elegancia.

Todo lo escriben sin borrones en las pupilas y te miran directamente, como deberíamos hacer todos, en lugar de caminar contando baldosas, siempre y cuando estas no sean de color amarillo.

Susana Del Llano.



No hay comentarios:

Publicar un comentario