miércoles, 28 de septiembre de 2011






Ameno, ameno, lantire , lantiremo.


Robar palabras es uno de esos pequeños y exquisitos placeres solitarios.
Adueñarse de un sustantivo que marcaremos con el hierro de nuestras connotaciones y al escucharlo, nos asaltará una punzada de complicidad semántica entre la palabra y el símbolo personal que hemos creado, vistiéndola con nuestra secreta carga emotiva.

Es como robar flores en tierra de nadie. Los mismos pétalos, los mismos colores que antes que nosotros, alguien colocó sobre un jarrón en la cocina o secó entre las páginas de un libro y que después de nosotros, alguien volverá a robar.
Lo diferente, reside en la manera de recogerlas, en los ritos de recolección, en la luz y en la pupila del que mira, cada uno siente la flor según la estación que lleve por dentro.


Susana Del Llano.

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